lunes, 22 de septiembre de 2014

Tras los vestigios de los pueblos del Pacífico



En las últimas dos semanas, el Centro Cultural Real Alto, un museo rústico asentado en el agreste territorio peninsular -a 112 km de Guayaquil-, es el laboratorio científico de una expedición de arqueólogos rusos, japoneses y ecuatorianos.

Atravesaron océanos y cruzaron continentes, como lo hicieron sus antepasados, con una hoja de ruta clara: estudiar las relaciones entre los poblados precerámicos de la costa del Pacífico, de China a Mongolia, pasando por Rusia y las islas de Japón hasta llegar a Ecuador.

La investigación, que durará dos años, intenta hilvanar una historia en común alrededor del océano Pacífico; una historia con sistemas de navegación a larga distancia y el uso de recursos marítimos; una historia que desembocó en una explosión de creencias que quedó plasmada en cerámicas, plazas ceremoniales y en rituales como la deformación de cráneos.

Parte de la evidencia de ese nexo está en los vestigios recolectados por estos investigadores en los últimos años, en las costas orientales y occidentales del Pacífico. Las piezas conservan impresionantes similitudes, a pesar de la distancia.

“El océano Pacífico fue una avenida para el traspaso del conocimiento”, resume Jorge Marcos, director de la Corporación Nacional de Arqueología, Antropología e Historia (Conah) y de la carrera de Arqueología de la Escuela Superior Politécnica del Litoral (Espol), universidad que tiene un convenio con arqueólogos extranjeros para el estudio.

Y es que la cultura Valdivia tiene mucho para aportar. Surgió en el Neolítico de la Costa ecuatoriana, hace unos 6 000 años, y desde su descubrimiento -en 1956 por Emilio Estrada Icaza-, es considerada uno de los primeros asentamientos de América, con unos 2 500 años antes de que se desarrollen otros poblados al norte o al sur. [...]  elcomercio.com