lunes, 22 de agosto de 2016

Los codos del león marsupial le hicieron un cazador mortífero


Thylacoleo carnifex. / Mauricio Antón

Aunque la dentadura del extinto león marsupial no era la propia de un depredador, este animal, protagonista de nuestro #Cienciaalobestia, fue uno de los cazadores más destructivos hasta su extinción hace 30.000 años. Investigadores de la Universidad de Málaga y de Bristol revelan que sus codos le permitían una movilidad del antebrazo similar al de los primates. Esta ventaja, junto a sus poderosas garras retráctiles, le otorgaba un estilo de caza único entre los carnívoros.

Australia fue el hogar desde hace alrededor de dos millones de años del león marsupial (Thylacoleo carnifex) hasta su extinción hace 30.000 años. Esta especie, descrita como una de las bestias depredadoras más destructivas, pertenecía al mismo orden que los canguros y los koalas, aunque se asemejaba en físico y en tamaño a un gran jaguar (Panthera onca) de hoy en día.

Este cazador era capaz de derribar a herbívoros mucho más grandes que él, como canguros o al diprotodon –el marsupial más grande que jamás haya existido– de tamaño algo mayor al de un rinoceronte blanco.

Hasta ahora era una incógnita la forma con la que este animal de finales del Peistoceno mataba a sus presas, pues a diferencia de los grandes felinos, este  carnívoro carecía de grandes caninos con los que perforar a sus presas.

Una nueva investigación, publicada en la revista Paleobiology, revela que el león marsupial poseía su arma de destrucción en sus codos y garras, y no en su mandíbula, como ocurre en el resto de depredadores. Los autores, investigadores de las universidades de Málaga y de Bristol (Reino Unido), compararon los fósiles de esta especie extinta con los codos de otros mamíferos. [...] SINC