domingo, 2 de octubre de 2016

El caballo perdido de Santimamiñe


Un espeleólogo del grupo ADES observa el caballo rojo, cuya datación aún no se ha decidido. / ADES
 
Autentifican una pintura rupestre descubierta en la sima de Morgota

Martín Ibarrola. Hasta el año 2014 los arqueólogos no se percataron de que faltaba un caballo entre las pinturas de Santimamiñe. Se había escondido a 440 metros de distancia, en la cueva vecina de Morgota, situada en el municipio de Arteaga, corazón de la Reserva de Urdaibai. Durante una visita rutinaria dos espeleólogos del ADES descubrieron este animal rojo de 70 centímetros sin cabeza (acéfalo) que, a pesar de la discreción mediática, se convirtió en un símbolo de los nuevos descubrimientos de arte rupestre en Euskadi. La revista ‘Kobie’, especializada en temas arqueológicos, publica ahora una serie de estudios que verifican su autenticidad.

Curiosamente, el día del hallazgo, los espeleólogos Antonio García y Gotzon Aranzabal no imaginaron que se tratara de una pintura de hace miles de años y quisieron gastar una broma al arqueólogo Juan Carlos López Quintana. Sacaron una foto del manchón rojo y escribieron «delirios» en el espacio dedicado al ‘asunto’ del correo electrónico. Quintana activó la alarma. «¿Dónde habéis hecho las fotos?». A pesar del escepticismo de los espeleólogos, los arqueólogos no dudaban: era arte rupestre. «El ADES habrá entrado en Morgota 60 o 70 veces en 30 años. Siempre soñamos con encontrar pinturas y nunca nos fijamos en esta», lamenta Aranzabal.

Manchas rojas, tizonazos de carbón, puntos, signos rectangulares, un caballo... Un total de quince restos pictóricos y algunos materiales -como un jarrón de cerámica de otra época- que conforman el testimonio silencioso de estos antepasados. Los caballos acéfalos son inusuales entre las representaciones del Cantábrico. Los expertos en arte parietal Diego Garate y César González Sainz situaron el animal a más de 20.000 años de distancia. En cambio, los hallazgos arqueológicos apuntaban a ‘sólo’ 15.000 años. Mientras los especialistas discutían sobre la edad del caballo, el geólogo Javier Maeztu y Aranzabal afirmaron que en tiempos aún más lejanos el río de Omaerreka (que ahora recorre los valles de alrededor) circuló por Santimamiñe y se sumió en Morgota. Con los siglos, el río fue enterrándose hasta llegar a la altura de los caseríos actuales y dejar ambas cuevas suspendidas a 75 metros sobre el nivel del mar. Dos esqueletos geológicos que guarecieron a los cromañones muchos milenios después. El Correo


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Editado por el Gobierno Vasco (2015)...

Caballo acéfalo de Morgota (Garate et al., 2015)