sábado, 4 de julio de 2015

Un gran calendario de piedra y luz


1/2. Buracón o Furacón de los Mouros, Librán. Los rayos entran sólo dos veces al año, a primeros de febrero y primeros de noviembre, e inciden justo sobre la pintura que representa el sol: ésta adquiere un tono dorado hasta acabar recibiendo un gran chorro de - m. á. G.

Las pinturas rupestres de Librán y San Pedro servían para medir las estaciones, de acuerdo con un estudio de los expertos Feliciano Cadierno y Miguel Ángel González que darán a conocer en un congreso extremeño.

Un enorme calendario lunar y solar en plena naturaleza. Con ese fin habrían sido elaboradas las pinturas rupestres de los lugares bercianos de Peña Piñera, Librán y San Pedro Mallo si seguimos las conclusiones de un profundo estudio que acaban de terminar los expertos Feliciano Cadierno y Miguel Ángel González y cuyas conclusiones darán a conocer en el XIX Congreso Internacional de Arte Rupestre IFRAO, que se celebrará en Cáceres del 31 de agosto al 4 de septiembre.

Ambos firman el trabajo titulado Estudios arqueoastronómicos sobre la pintura rupestre esquemática, ¿posible indicador de épocas de frecuentación? A propósito de Peña Piñera, Librán y San Pedro Mallo, que proporciona «evidencia estadística» de que el conjunto de pinturas rupestres de Peña Piñera, así como otros del Bierzo, funcionaba como un enorme calendario lunisolar «gracias a los efectos de luces y sombras singulares que se producen en las representaciones justamente en el amanecer o el anochecer de ciertas fechas del año, o en los extremos de un ciclo lunar que dura algo menos de 19 años y que se conocen como lunasticios mayores y menores», según avanzó González al Diario. [...] diariodeleon.es